martes, 6 de enero de 2015

TOMBOLA


Le vi recorriendo el campo con el balón pegado a la pierna izquierda, una mirada agónica de miles esperaban que el recorrido se acortara segundos, que el pitido se demorara una eternidad, que la red retumbara con el coro de sus cantos, que las lágrimas rodaran solo al celebrar. El villano de negro, siempre el de negro, 3 veces suena, silencio.
Los pasos retumbaban escalas abajo, aún más profundo, los suspiros de resignación de 11 guerreros heridos por el orgullo, con el sudor como sangre y con las heridas marcadas en el uniforme, se escuchaban en toda la ciudad. Entre la gente, cada sensación se convertía en opinión y la necesidad de encontrar respuesta a una esperanza que siempre terminaba destruida se hacía propia de las calles.
Y aunque al final se olvida, aunque al final siempre vuelven esas pisadas, ahora escaleras arriba, con la mirada en alto y la esperanza renovada, dispuesta a luchar como cada domingo, a darlo todo en cada grito; no se puede olvidar aquel pitido o aquel sonido de golpear el travesaño. Los que bajan del inframundo a batallar de nuevo, como los inmortales que aun siendo derrotados renacen una nueva vez en busca de escuchar aquel grito de salvación. Ellos no pueden recordar, se preparan para dar la vida en esos minutos que a veces parecen más cortos que un latido y a veces más largos que la existencia misma.

Saltan, rezan, intentan mantener la calma. Cuando salen de aquel infinito túnel, han entrado a un nuevo mundo, a otra dimensión donde a vida tiene un propósito claro y todo es tan finito como la energía y la entrega. Están frente a frente a sus rivales, dándoles la mano a quienes tendrán el honor de enfrentar. Mirada al centro, respiración contenida, a pesar de que sobre ellos están millares, ellos están solos, destinados a continuar, a no desfallecer aun en las peores situaciones. Un pitido, la lucha por sobrevivir, por ser, por satisfacer a los que suben los escalones, empieza. 

viernes, 3 de octubre de 2014

DELIRIOS 4



Este es mi primer desliz. Una nueva entrega a subyacentes alaridos, gritos subterráneos de almas televisivas. ¿Otro delirio? Qué más puedo producir. ¿Preguntas? Claro que te pregunto ¿Me odias? Pero no te entiendo. Otra mañana con los parpados en los dedos de los pies, otro bastón, otra pitonisa. Ahora entiendo todo, ahora lo soy todo. A lo lejos de mi herida, un soul cantado a medio tono, una piedra lanzada a lo profundo de un espejo. Quizás, puede que sea. Hoy no lo sabré, mañana moriré, vibre para escucharle. En mi mano revienta, sangra, una mezcla bruta, sanguinolenta a de tus labios rojos, de mi sangre verde de mi espíritu invisible. Talento, aleatorio, talento aleatorio de esta sarta de basura. Le reventé la mirada en el escote de su ironía, me levante hilarante, iracundo, represivo y medio arrepentido mientras se deslizaba lascivamente sobre las dimensiones de mi memoria. Léxico aletargado, dineros desterrados, de una palabra antipática, esta mañana un aneurisma ajeno habré heredado.

Me he traicionado en medio de una disputa con mis yo, he vendido un cuerpo a clones meditabundos, a amateurs de mi locura y he resignado los ojos cóncavos de mi martirio al Yo perdido de mi ajedrez. Los escoceses no sonrojan, mas sus piernas aun resbalan, aun gimen sin erección y aun prometen amores a otros dioses. Aun se pierde, aun resigna, aun canta como de quien saltaran involuntarios adioses. Se despide, que muera, que designe ante mí los dones de su rencor. Un solo depositario de juguetes acartonados, de navidades apocalípticas. He de reconocer que no sé lo que hago, o que hago lo que se hacer. Ante mí, la descripción militante de una historia que un cojo canto, o que sonrió. ¿Hoy? (otra conversación conmigo mismo lector) Hoy es un delirio (Todos estos don delirios) Tal vez, bañarme en la aridez de su ombligo, o retratar su cancerígeno cariño. Perderme en esos dedos inhumanos, dolidos, etéreos. Mismo sistema, dolor adyacente. 

lunes, 7 de abril de 2014

UN NUEVO DELIRIO


Le vi acercarse una mañana de junio, no llegue nunca a ver su mirada. Tome su mano para intentar dirigirla a mis labios. Roce su cuerpo sin sentir su piel. Me perdí por unos instantes en el calor de su cabello. Cerré los ojos y la sentí partir. Me mire en la vitrina de una vieja tienda de mascotas, mire mi reflejo que se derretía frente a los perritos. Las pisadas verdes que dejabas al irte me guiaron un par de cuadras, no halle más que una vieja piel que algún escarabajo había mordisqueado. La presión al respirar y la intención de no seguir. Me refugie en la tienda de un viejo árabe, y en la mirada de su hija encontré tu desnudes. No te vi, te sentí a lo lejos. Pero allí estaba una joven desnuda ¿Para mí? Pregunta estúpida, de un hombre estúpido. Echado a la calle, sin joven desnuda, y aun sin tu mirada ajena. ¿Qué se yo de encontrar destinos? Yo solo encuentro tesoros, monedas, autos, pergaminos viejos de dioses muertos. Y aquí perdido en la calle eterna de esta Londres sudamericana, aquí estoy. Perdido en lo que no soy, perdido, solo, hoy. Camine hasta una vieja esquina que se peleaba con unos enormes buses rojos. Me senté en medio de la gris y lluviosa ciudad, mientras el color de mis pies se desvanecía entre los ríos de agua negra. No era yo, solo el culpable de tu distancia, sino un cobarde que no te amarro a mi vieja cama. Vi pasar un viejo Beetle del 66. Intente recordar tus viejas pantuflas de pokemon y un viejo futbolista del Botafogo se cambió de piel frente a mi abuela. Luego, escuche los delirios de una modernidad a blanco y negro, vendedores que intentaban regar sobre mi enorme boca sus mates de agrios sabores. ¿Y qué se yo? Si no sé qué es un delirio ¿Y qué se yo? Si cuando te mire era algo y hoy solo un etéreo movimiento me confirma. Tengo afán, debo terminar esta dedicatoria de un suicidio que no cometeré. Ni en esta vida, ni en la otra. Ni Jehová, ni Buda, ni Messi, ni Murakami, no te encontré en ningún ser, ni en ningún mundo.  Me rendiré al fin y al cabo, y en las miradas enagenadas de los celadores de  los cafetines bogotanos, te dedicare un soneto maldito, maldito por mediocre y maldito porque lo maldijo una vieja y enferma vieja. Te dedicare un bolero, mezcla de dolor y de milkyway.
 

INFIERNO



He arrinconado demonios que se derraman por las paredes de mi hígado. He caminado sin piedad por entre las brasas ardientes que alguna vez comí. Los rincones de un espíritu añejado son hoy, tan solo la comida de mosquitos y serpientes. En el horizonte, la despedida de una realidad recóndita y en esa realidad, la vida. Si mis instantes de locura son vagos, mis instantes de sueño son mentira. Allí, donde los hombres despiertan a diario. Yo escribo bajo la luz de una luna vendida a un viejo napolitano. ¿Dónde está mi ingenio prosaico?  Si darme de baja en la vida puede ser realmente útil. Las viudas que bajan de Monserrate se dedican a filosofar sobre cuerpos desnudos en algún riachuelo bogotano. Y si, y aquí, todo se pierde entre las desdichadas maromas que los cuerpos ingenuos intentan. Bastardos, bastardos, bastardos. El día de hoy recorreré los caminos que le dieron la vuelta al infierno, despediré de mi trabajo al ratón que salto la verja y por fin, por fin moriré al desayuno. Y es que no soy quien creo, quien enfrascado en una inútil batalla a sangrado hasta caer de rodillas. No soy el cocinero de Luis XV y menos soy el aliado inmune de un Murakami prostático. Soy y soy, soy. El fuego inerte, pútrido y aromático que destilan los bosques. La vergüenza entre mis  muslos, se asoma por el pantalón. Soy el sueño soñado, soñado y nunca cumplido, con un desde raro a pesadilla que no alcanza a ser lo que desea. Per se. Soy mi más grande contradictor, mi propio verdugo, caminando entre los pensamientos ajenos de las gordas que caminan por la calle.
He intentado descubrir un nuevo discurso, uno menos agrio y más dedicado a celebrar la vida. Mierda. Es más fácil darle mi presencia a un vago nocturno y no intentar cambia lo que en mí no existe. Pero basta, basta un momento, respira profundo y detén este dialogo sin sentido, este dialogo sin paréntesis, sin personajes y sin madrazos. 540 segundo por personaje. 50 horas por delirio. ¿Delirio? La misma palabra si sentido para reflejar algo que no tiene lógico, como esto, como yo, como algo que no tiene sentido REPITO.
Un obús. Un misterio mañanero y una ballena de liposucción continúan. Aquí, allí, a tu lado bastardo épico. Somos muchos los que cantamos y entre canto y canto las palabras se aleja, se disfrazan de un sabor cantábrico. No parare, en el delirio de un pulpo multicefalico. Cefalea continua de una mezcla de chocolate con cerveza, el rito se perdió hace unos párrafos. ¿Y qué? Otra discusión inútil, otra danza desabrida.

A veces miro el futuro en la ventana y descubro un viejo anciano, de mirada perdida y un viejo bandoneón en las manos. La realidad escondida bajo el brazo, y en el otro un viejo periódico del día en el que nací. En su sombrero, se escondía hadas y duendes, un bigote viejo, más viejo que su dueño se acicalaba a si miso, se reía de los titulares. Esta es una historia de otro cuento y de ese cuento se la robe. Le mire alejarce por la vieja estación de ese tren que no se detiene entre 9 de julio y los cafetines que se alejan corriendo cuando el sol intenta convencerlos de quedarse. Y si, así, como lo vi, se fue. Allí, el aroma de a viejo, a mí, pero de viejo. Ya no esperaba que el futuro me mostrara su ropa interior, pero yo, intrigado por el designio de un pasado algo arisco, he decido bajar un momento del avión