domingo, 2 de junio de 2013

DELIRIOS 3


Ya, la moneda no se cae cuando vuela. Con las manos abiertas respiro, el dolor no me acompaña. Mirame a los ojos, delirios. Camina con la mente bien abierta. Delinea en las aceras la sangre de mi alma. Yo no soy quien, nadie quiere mi soledad en su puerta. Un canto errático seduce a mis gónadas mutantes.
Inmutable estas sentada allí. En los cantos de niños que sufren se escuchan las palabras del amor. No recorras mis pesares, no cantes en mis pies. Puedo ser todo sin ser nadie. En tu pecho, los gemidos que mi rencor genera escucho. Desnudate pequeña saltamontes, dejame morder la esperanza de tu piel rosada. Ya este mudo está perdido, el caos de mi mente destruye la panacea de mi supuesta cordura.
¿Y si sigo vivo? ¿Cantaras en mi tumba? Baila mono dorado, rueda tigre medio pintado. ¡Jumm! dijo entre dientes mi locura. Le relate los cuentos negros, los misterios de mis erecciones indiscretas. Sublime son tus ojos en mis manos, la sangre no corre hacia arriba, si tus pies no se afirman en mi memoria.
La cerveza en mano, la rigidez de mis músculos dorados. El mismo ritmo, la misma sideral canción. Los roedores que guardo en mi bolsillo, mastican mi camino para que sea más fácil el rodar. Pero no te detienes. Las desgastadas y detalladas paredes, las cadavéricas puertas. Un paso, una mirada. Los disparos de mi lengua ¡BANG!
Si te busto, yo sé que yo te encuentro. Mi psiquiatra se ríe de mí ser. El raro de la cuadra baila una polka que no está en el casette. Retumbando estoy, aun recorro tu piel, escalando por la visera de mis costillas. Un Camaro del 69 se detiene en mi falange, una mirada despreocupada con su cerveza en mano, reclama sus cupones en mi corteza cerebral. La lógica se perdió, como perdí mi virginidad, en la mitad de un potrero debe estar.

Y como artigas cuando se emborracho. Negro y rojo es mi despedir. ¿Tu? Quizás. Soy todo sin ser nadie, puedo ser una magnífica obra de arte, un vil pedazo de mierda. 

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